Muchos de nosotros crecimos comiendo ensaladas hechas con lechuga orejona. Y si bien tiene un valor nutritivo que compensa (brinda agua y fibras), podría perderse de mucho, en lo que se refiere a sabor y alimentación, si la lechuga orejona es la única base de su ensalada. Mientras la lechuga orejona es de alguna manera insípida, algunas de las verduras más nutritivas, como la espinaca, rúcula, y acelga tienen un sabor más particular. Es por eso que algunos de los que comen la lechuga orejona les resulta difícil cambiar a otro tipo de lechuga. Pero existe una solución simple: gradualmente mezcle algunas verduras más oscuras y nutritivas con la orejona. Empiece con la lechuga romana (la que normalmente se utiliza en las ensaladas César), que tiene un sabor suave. Cuando se acostumbre a la romana, utilice cada vez menos de la orejona. Continúe agregando gradualmente algunas otras verduras y quizás hasta algún radiquio, una lechuga de color rojo intenso. Antes de que se dé cuenta, su plato de ensalada estará lleno de color, vitaminas, fibra y sabor.